sábado, 4 de diciembre de 2010
Los hijos de la Malinche
“El mexicano no quiere o no se atreve a ser el mismo” Demasiados fantasmas lo habitan: la conquista, la colonia, la independencia, las guerras contra Francia y Estados Unidos “nuestro buen vecino”, demasiados abandonos por parte de los dioses. Sin embargo, los mexicanos tenemos una manera de exorcizar a nuestros demonios. Un grito es suficiente para afirmarnos ante lo exterior, ante los demás: ¡Viva México hijos de la Chingada! Y ¿quién es la Chingada?, ¿a quién o quienes se dirige tal grito de guerra? No es casual por supuesto, que el 15 de septiembre, aniversario de la independencia, todo México, embriagado de seguridad y orgullo, lo grite. Y tampoco es casual que la figura materna, por un lado falsamente respetada, sea el blanco de la agresión.
La Chingada, es la mujer abierta, violada, es el resultado del conquistador, penetrando por la fuerza a la mujer indígena. Sin embargo, los hijos de la Chingada son los otros, los no mexicanos, los malinchistas.
La Malinche, encarna al mito, nadie en México le perdona su colaboración con el invasor y también, nadie en México negaría a la Virgen de Guadalupe su lugar como madre suprema de todos los mexicanos; seres provenientes de la soledad “fondo de dónde brota la angustia y que empezó el día en que nos desprendimos del ámbito materno y caímos en un mundo extraño y hostil”. Tonantzin, la virgen india, es la madre que vino a cuidarnos de nuestra orfandad.
Y Así, la Chingada y la Virgen de Guadalupe, ambas figuras pasivas, representan el amor -odio del mexicano hacía sí mismo.
Al gritar, ¡Viva México hijos de la Chingada! Continuamos gritando nuestra voluntad de cerrar los ojos al pasado.
La mentira política, se instaló en nuestros pueblos casi constitucionalmente
La rueda de la historia se precipita, el Virreinato se transforma en Imperio Mexicano con un Emperador: Iturbide. Efímero y ridículo. Todos esperan que con un cambio de leyes la situación cambie y, como en Europa, aparecería una nueva clase social: la burguesía. Las facciones se pelean entre sí, lo cual aprovechan los norteamericanos para quitarle a México ¡más de la mitad de su territorio! por medio de Antonio López de Santa Ana. “El arquetipo del dictador latinoamericano” Los conservadores se arman, Benito Juárez responde con la Reforma; separa iglesia de estado. Nuevamente, los conservadores piden ayuda al extranjero. Napoleón III manada otro emperador Maximiliano de Habsburgo. A su vez fusilado por el liberal Juárez. La Reforma consume la independencia. Y entonces aparece la constitución de 1857. Libertad de enseñanza promulgada. El autor evita la auto complacencia y agudamente observa “La Reforma funda a México negando su pasado, rechaza la tradición y busca justificarse en el futuro”.
Finalmente, la esperada aparición de una burguesía mexicana, es decir, una clase social pudiente y productiva, jamás apareció. México era un país agrario muy ajeno al occidente industrializado. En cambio surge una casta latifundista que reniega del progreso. Muerto Juárez, el poder está a merced de los caudillos; Porfirio Díaz, militar de corte liberal asume el poder. Una nueva máscara se pone México, ahora de estilo afrancesado y pretendidamente sofisticado. Los indígenas son desplazados de sus tierras, se abre la economía al capital norteamericano. México –que nació endeudado como país- se endeuda más. Aparentemente México progresa, se construyen los ferrocarriles, se estimula el comercio e industrias modernas. Díaz recibe el nuevo siglo y de repente, cumple 33 años en el poder.
La Revolución mexicana, tampoco tuvo precursores ideológicos conscientes de la verdadera situación del país. De los más radicales, los hermanos Flores Magón, que militaron desde el exterior del país, poco queda en las reformas de los trabajadores. Francisco I Madero, un místico convencido, resumió el cambio que, según él, México necesitaba: “Sufragio Efectivo no reelección” los males del país se debían a la eterna presencia del general Díaz y sus “científicos” en el poder. Madero, de cuna terrateniente, no se daba cuenta de la naciente clase obrera mexicana y de la explotación de los caciques hacia los campesinos. Doroteo Arango, mejor conocido como Pancho Villa y Emiliano Zapata, ambos surgidos del pueblo mismo lo entendían. Aún así, sus limitaciones se hacían evidentes. Los lideres revolucionarios se amparaban en sus respectivos planes para cambiar las estructuras políticas y económicas del pueblo. Desterrado el viejo general, Madero asume el poder. Nada cambia. La situación política se complica pues desde el norte, un golpe de estado, perpetrado por Victoriano Huerta se consume. Madero y Pino Suarez son fusilados. Villa, Zapata, Alvaro Obregón y un viejo porfirista Venustiano Carranza, forman sus bandos, la guerra civil entre los lideres revolucionarios deja un saldo trágico pues de alguna manera, todos mueren a manos de todos y a la postre, se convierten en mitos populares. “Villa cabalga todavía en el norte, en canciones y corridos; Zapata muere en cada feria popular; Madero se asoma en los balcones agitando la Bandera Nacional; Carranza y Obregon viajan aún en aquellos trenes revolucionarios, en un ir y venir por todo el país. Todos los siguen: ¿a dónde? Nadie lo sabe. Es la revolución, la palabra mágica, la palabra que va a cambiarlo todo y que nos va a dar una alegría inmensa y una muerte rápida”.
Himno Nacional Mexicano
Coro
Mexicanos al grito de guerra
el acero aprestad y el bridón.
Y retiemble en sus centros la tierra,
al sonoro rugir del cañón.
Estrofa I
Ciña ¡oh Patria! tus sienes de oliva
de la paz el arcángel divino,
que en el cielo tu eterno destino
por el dedo de Dios se escribió.
Mas si osare un extraño enemigo
profanar con su planta tu suelo,
piensa ¡oh Patria querida! que el cielo
un soldado en cada hijo te dio.
Estrofa II
En sangrientos combates los viste
por tu amor palpitando sus senos,
arrostrar la metralla serenos,
y la muerte o la gloria buscar.
Si el recuerdo de antiguas hazañas
de tus hijos inflama la mente,
los recuerdos del triunfo tu frente,
volverán inmortales a ornar.
Estrofa III
Como al golpe del rayo la encina,
se derrumba hasta el hondo torrente,
la discordia vencida, impotente,
a los pies del arcángel cayó.
Ya no más, de tus hijos la sangre,
se derrame en contienda de hermanos;
sólo encuentre el acero en sus manos
quien tu nombre sagrado insultó.
Estrofa IV
Del guerrero inmortal de Zempoala
te defiende la espada terrible,
y sostiene su brazo invencible,
tu sagrado pendón tricolor.
Él será del feliz mexicano
en la paz y en la guerra el caudillo.
porque él supo sus armas de brillo
circundar en los campos de honor.
Estrofa V
Guerra, guerra sin tregua al que intente
de la Patria manchar los blasones,
Guerra, guerra, los patrios pendones
en las olas de sangre empapad.
Guerra, guerra. En el monte, en el valle,
los cañones horrísonos truenen,
y los ecos sonoros resuenen
con la voces de ¡Unión! ¡Libertad!
Estrofa VI
Antes, Patria, que inermes tu hijos,
bajo el yugo su cuello dobleguen,
tus campiñas con sangre se rieguen,
sobre sangre se estampe su pie.
Y tus templos, palacios y torres
se derrumben con hórrido estruendo,
y sus ruinas existan diciendo:
De mil héroes la Patria aquí fue.
Estrofa VII
Si a la lid contra hueste enemiga,
nos convoca la trompa guerrera,
de Iturbide la sacra bandera,
mexicanos, valientes seguid.
Y a los fieles bridones les sirvan
las vencidas enseñas de alfombra;
los laureles del triunfo den sombra
a la frente del Bravo Adalid.
Estrofa VIII
Vuelva altivo a los patrios hogares,
el guerrero a cantar su victoria,
ostentando las palmas de gloria
que supiera en la lid conquistar.
Tornaránse sus lauros sangrientos
en guirnaldas de mirtos y rosas,
que el amor de las hijas y esposas,
también sabe a los bravos premiar.
Estrofa IX
Y el que al golpe de ardiente metralla,
de la Patria en las aras sucumba,
obtendrá en recompensa una tumba
donde brille, de gloria, la luz.
Y, de Iguala, la enseña querida
a su espada sangrienta enlazada,
de laurel inmortal coronada,
formará de su fosa una cruz.
Estrofa X
¡Patria, Patria! tus hijos te juran
exhalar en tus aras su aliento,
si el clarín, con su bélico acento,
los convoca a lidiar con valor.
¡Para ti las guirnaldas de oliva!
¡Un recuerdo para ellos de gloria!
¡Un laurel para ti de victoria!
¡Un sepulcro para ellos de honor!
La “Inteligencia” Mexicana.
“Un sector que ha hecho del pensamiento crítico su actividad vital” aunque señala que la obra de esta “Inteligencia” no se encuentra del todo en libros, sino mas bien en su influencia en la obra pública. Y es José Vasconcelos, el fundador de la educación moderna en México, el primero en citar. Miembro del grupo Ateneo, Secretario de Educación Pública que pretende continuar la obra de Justo Sierra: ampliar la educación elemental y perfeccionar la enseñanza superior. Vasconcelos funda sus principios educativos en la tradición. La nueva educación, anota Paz, “se funda en la sangre, la lengua y el pueblo”. El filósofo y escritor, nutre su proyecto con la revolución, colaboran poetas, escritores, pintores, artistas en general, que como Vasconcelos, siente al periodo revolucionario como la verdadera cara de México. Emergen las artes populares, los muros son para los muralistas y se fundan escuelas en todos los rincones de México. La literatura mexicana, reflexiona sobre la conquista y el pasado indígena, y los autores más atrevidos en la reciente revolución.
Había que levantar al país y quién mejor que los intelectuales para hacerlo. Los caudillos se allegaron de gente de estudios, y muy pronto: los poetas estudiaron economía, los novelistas se hicieron abogados y ejemplos por el estilo.
Por supuesto que no todos los miembros de la “Inteligencia” colaboraron; algunos incluso se opusieron al régimen y como en el caso de Manuel Gómez Morín y otros, fundaron el partido de oposición. El Acción Nacional.
Otros miembros de la “Inteligencia” que por su impacto nombra el autor serían: Samuel Ramos, autor de El perfil del hombre y la cultura en México, primer estudio del mexicano y antecedente directo de El laberinto de la soledad, Jorge Cuesta, quien dedica su obra a indagar el sentido de nuestras tradiciones, Daniel Cosío Villegas, fundador del Fondo de Cultura Económica, Textos de todo tipo al alcance de todos, José Gaos, exiliado español y filósofo, Alfonso Reyes, escritor apasionado, poeta crítico y ensayista, quien pretendía “Buscar el Alma Nacional” Leopoldo Zea, historiador, y algunos más de tipo político.
Podemos concluir que “exceptuando la revolución hemos vivido nuestra historia como un episodio de la del mundo entero. Nuestras ideas, así mismo, nunca han sido nuestras del todo, sino herencia o conquista de las engendradas por Europa” Sin embargo, sostiene “el mundo moderno ya no tiene ideas” México, a partir de su conquista, fue influenciado por las ideas liberales, que como el mundo mismo, se tenían que actualizar. La diferencia histórica de una Europa: vanguardia de las artes, las guerras, las ideas y el pensamiento filosófico, con un México nacido de la violencia y cursando un tiempo histórico distinto, fue lo sucedido.
Pero a partir de la Revolución, México y el mundo viven al día. “Con un futuro por inventar”.
De la Independencia a la Revolución.
La independencia de la Nueva España, es tan ambigua como la conquista. No es una independencia propositiva en ideas, no hay postulados ni ideas universales. Los caudillos, es decir los sacerdotes, no tienen una idea clara de que hacer. Su única virtud, es que escuchan de cerca al pueblo. La independencia sudamericana inicia con San Martín y Simón Bolívar. Se crean estados y promulgan leyes. En la Nueva España, se luchaba por liberar a los criollos de la burocracia peninsular pero, no se pretendía cambiar las estructuras económicas ni sociales. Los ecos de la Revolución Francesa y la Norteamericana se escuchaban por todos lados. Los insurgentes vacilan entre la independencia total, o formas modernas de autonomía. La guerra inicia por los abusos de la burocracia española contra los latifundistas. Pero más allá estaba también el abuso de los latifundistas hacia sus campesinos. “No es una rebelión de la aristocracia contra la metrópoli, sino del pueblo contra la primera”. Hidalgo termina con la esclavitud, Morelos reparte los latifundios, pero, la iglesia y los grandes propietarios buscan ayuda en la Corona Española. Hidalgo, Morelos y Mina, sucumben ante la alianza. Entonces, un hecho inesperado sucede. En España, los liberales toman el poder, transforman la monarquía en constitución y amenazan seriamente los intereses del clero. En México, la iglesia y los grandes propietarios, temiendo quizá una reacción en cadena, buscan a los insurgentes vivos y ¡consuman la Independencia de la Nueva España!
Sin embargo, se hereda el viejo orden español sin la visión futura de una sociedad moderna. Aparece entonces, la imagen del dictador hispanoamericano con su primera impresión: la del libertador. Las nuevas sociedades se formaban por militares ansiosos de repartirse el botín. En México mientras tanto, aparece una constitución, copia de Europa y Estados Unidos que pasaban por una realidad muy distinta a la nuestra, es decir: la revolución Industrial. Esta constitución ligeramente liberal y democrática, era, por un lado inaplicable, y por el otro, ocultaba nuestra realidad histórica por completo.
Nuestros días
“La revolución no ha hecho de nuestro país una comunidad o siquiera una esperanza de comunidad”. Sin embargo, como todas las revoluciones del mundo, -la de México fue la primera del siglo veinte- ninguna ha terminado satisfactoriamente su labor. ¿y cuál sería el punto culminante de una revolución? En primer término, liquidar el régimen feudal, transformar el país mediante la industria y la técnica, suprimir nuestra situación de dependencia económica y política y, en fin, instaurar una verdadera democracia social. Ahora bien, la historia va a la par para todos, el planeta, unificado desde la expansión imperialista, enredó por completo las economías de todos los países. Desde luego, unos beneficiados y otros no. “Lo conquistado hay que defenderlo todavía”
Particularmente, en México, el crecimiento demográfico, no previsto por los primeros gobiernos, se presentó como una máscara que esconde el actual desequilibrio. La reforma agraria por su parte, cuenta todavía con millones de campesinos en extrema pobreza; principal causa de braceros en Estados Unidos. La industria y los centros de producción son insuficientes para absorber la demanda de trabajo en las ciudades. Ahora bien, si bien el General Lázaro Cárdenas al expropiar el petróleo y el ferrocarril entre otros impulsó la economía interna del país, también es cierto que tocó fibras muy sensibles, económicamente hablando, del vecino país del norte.
Con la industrialización del país, surge la clase obrera, aquella que según Marx “lleva el curso de la historia”. En México, esa clase obrera y mediana burguesía, surge desde las entrañas mismas del poder. Primero se apoya a Venustiano Carranza –buen momento para recordar que también fue gobernador porfirista- luego a Álvaro Obregón y finalmente a Plutarco Elías Calles. El estado desde entonces ha protegido las organizaciones sindicales. La burguesía por su parte, se alió directamente con el gobierno así, el banquero se convirtió en senador o diputado. Desgraciadamente, carecemos de una industria básica por la sencilla razón de que somos un país productor de materias primas. Entonces, dependemos de los grandes capitales que imponen condiciones cual viejos conquistadores. También carecemos de una industria pesquera, el turismo y los dólares equilibran, sensiblemente, la economía pero nada más. La inversión de capitales públicos ya sea en préstamos gubernamentales o por medio de las organizaciones internacionales. Podríamos hacer más si nos unimos a otros pueblos con problemas semejantes a los nuestros, incluye África y los países asiáticos.
La identidad nacional en el contexto globalizador
Platón, expresó "…las cosas son nada más las sombras cuyos perfiles proyecta la luz de las ideas eternas sobre el muro de la caverna en cuya penumbra vivimos irremisiblemente."
Nunca, como hasta hoy, tantas personas han estado y están como en la caverna de la que habló Platón, lo que ven son imágenes; justamente así se presenta la globalización: una imagen del mundo en que el hombre aparece como una diminuta partícula ante el gigante tecnológico denominado cibernética. En tal medida esa imagen ha cobrado vida propia que hoy corren ríos de tinta y se alzan montañas de cuartillas para demostrar que ella, la globalización, y su política acompañante el neoliberalismo, constituyen la causa de los males que nos agobian; pero si nos detenemos en el análisis y buscamos los elementos esenciales nos damos cuenta de que en nada ellos son responsables de las desigualdades y los malestares graves y convulsos de nuestro mundo, al contrario, forman parte de ellos como resultado del devenir de la humanidad hasta nuestros días en que los cambios inducen de manera inminente a saltos cualitativos hacia un orden social, político, económico y ecológico más justo, acorde con los sueños y las esperanzas de la gente.
La globalización se centra en el largo proceso multisecular de la internacionalización, que tiene ondas raíces en la época denominada de Renacimiento, esa fecunda etapa de la humanidad en que las artes, el comercio, la música, la literatura y las ciencias florecen y con ellos pueblos y ciudades hasta el surgimiento de la nación, que cambió el modo de vida, las personas dejaron de vivir en comunidades, zonas o regiones relativamente aisladas e independientes para formar parte de un conjunto mayor de límites geográficos precisos e identidad signada por sus símbolos, por su idiosincrasia, por su lengua común y su psicología común que los hace iguales y diferentes a los demás.
Data de esa época la "Divina Comedia". Hacemos referencia a esta, entre tantas de gran calado que han llegado hasta nuestros días, por lo significativo de su mensaje en ese viaje por el Infierno, el Purgatorio y finalmente el Paraíso. El devenir de la humanidad, de nuestros ancestros aquí, se parece mucho a la obra de Dante Aligieri; El milenio que termina mucho tiene que ver con el paso por el Purgatorio y la llegada al Paraíso; allí, en el Purgatorio, los castigos no son eternos hay esperanzas de salvación, se puede alcanzar el paraíso… la globalización es el chivo expiatorio.
La globalización se nos ha venido encima como un fantasma que no encuentra referente en ninguno de los paradigmas de nuestro tiempo, cada quién la ha tomado y adaptado a sus necesidades e intereses, en este sentido es en el campo económico donde más éxito ha tenido porque ha dado cobertura para implementar políticas y establecer modelos de "desarrollo" al servicio del norte. Ella, la globalización, se convirtió en el vehículo ideal para imponer su dominio, sin resistencia aparente, en el tercer mundo; bajo el pretexto de la objetividad del proceso, tratan de crear en las masas un estado de abstinencia favorables para hacerles creer que la cultura y el bienestar vienen de afuera, del norte, y contra eso no se debe luchar. Por fortuna esta postura está generando en el mundo, y particularmente en América Latina, el efecto contrario. Los pueblos no han perdido las esperanzas y desde sus raíces se enfrentan al mundo, no lo desdeñan, lo asumen salvando su yo, contraponiendo su identidad y sus valores a los del otro para enriquecer y enriquecerse, para formar la gran urdimbre de la cultura universal.
La idea de lo nacional, en el contexto de la globalización, debe reformularse; la persistencia del imperialismo y la dependencia no significa que nos movamos en el mismo escenario de principios del siglo XX ni siquiera en las décadas posteriores a la segunda mitad de la centuria, significa que los viejos tipos de vínculos (internacionales) se hallan subsumidos y atravesados por nuevos (transnacionales):
"… no se dejan pensar desde las transferencias de categorías y nociones como Estado, partido, sindicato, movimiento social, territorio, tradición … Las desigualdades entre naciones, regiones y estados continúan e incluso se agravan, pero no pueden ser ya pensadas al margen de la aparición de redes y alianzas que reorganizan y subsumen tanto las estructuras estatales como los regímenes políticos y los proyectos nacionales"
Esa globalización llamada enferma, es la síntesis contradictoria entre: fin - comienzo, entre nacimiento – muerte. En el desarrollo del mundo de hoy, en que la ruptura es necesaria, a la globalización hay que extirparle el lado enfermo para lograr identificarnos a nosotros mismos, asumir nuestra especificidad para avanzar en el reconocimiento del otro. Esto constituye el fundamento de la creación y el fortalecimiento de una auténtica sociedad global en la que la repercusión de nuestra identidad y la aceptación plena frente a otros, permitirá la convivencia, dándole razón de ser al conocimiento de la historia particular de todas y cada una de las culturas conformadoras del mundo global del nuevo milenio; en otras palabras, es necesario estar abierto a todo, sin desdeñar ninguna forma por arcaica o ultramoderna que nos parezca; la identificación, tanto de nosotros como de los otros, nos ayudará buscar y reforzar nuestro propio lugar en este mundo que cada vez se hace más pequeño.
De manera que, en los tiempos que corren solo nos queda un elemento en común, algo así como la tabla de salvación para el náufrago: la cultura nacional, el yo.
La primera, se marca por la desintegración social, política y nacional que está socavando el reconocimiento de lo latinoamericano en un movimiento creciente de "neutralización y borramiento de las señas de identidad nacional y regional".
La segunda, muy unida a la primera en algo así como un acto de réplica, se caracteriza por la reafirmación de nuestra identidad en esa incesante lucha contra el invasor desde Colón hasta nuestros días.
Es la equivalencia entre identidad y nación la que estalla ante la multiculturalidad de la sociedad actual mexicana, porque, por un lado la globalización disminuye el peso de los territorios, desdibuja las demarcaciones geopolíticas y los acontecimientos fundadores que representaban y esencializaban lo nacional y, por otro lado, toda la revaloración de lo local redefine la idea misma de la nación; porque hoy mirando desde la cultura mundo la cultura nacional aparece provinciana y cargada de lastres estatistas y paternalistas; mirada desde la diversidad de las culturas locales, lo nacional equivale a homogeneización centralista y acortamiento oficialista. De modo que es tanto la idea como la experiencia social de identidad la que desborda los marcos del análisis tradicionalista.
La identidad no puede seguir siendo pensada como expresión de una sola cultura homogénea; el monolingüismo y la uniterritorialidad que la primera modernización heredó de la colonia escondieron la multiculturalidad de que está hecho lo latinoamericano.
La globalización ha venido a reafirmarnos, nos hemos encontrado a nosotros mismos, punto a partir del cual nos integramos al resto del mundo. Nuestra identidad forjada en la incansable lucha contra el invasor conformó nuestra cultura emergida hoy como el "escudo de la nación".
Para los cubanos la identidad, lo nacional es el símbolo de rebeldía y de lucha que anima hoy el espíritu de resistencia de la nación frente al mundo; nuestra cultura es al alma de la nación, salvándola salvamos nuestra manera de pensar y de ser, pero no encerrados en una concha, si abiertos al mundo, dialogando, interpretando, apropiándonos de lo más valioso de la cultura universal para ganarnos el derecho a pertenecer y a participar.
"Un asteroide es nuestra casa, nuestro país. ¡Luchemos siempre porque los hombres de negocios, los capitalistas, no nos conviertan las estrellas y los sueños en simples cifras que engrosen sus cuentas bancarias… preguntando, trabajando, soñando se puede llegar a las estrellas"
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